Mostrando entradas con la etiqueta Reflexiones de terceros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Reflexiones de terceros. Mostrar todas las entradas

sábado, 3 de julio de 2010

Las tragedias ocultas




Las tragedias ocultas

(SANTOS PEREZ)

Mientras millones de seres humanos dilatan sus pupilas viendo el mundial de fútbol abismados por la "alta definición" y el alarde de tecnología usada para apreciar los detalles de cada jugada y cada jugador con precisión milimétrica, dos tragedias se desarrollan en el ominoso silencio de esta pútrida sociedad de consumo: un descomunal derrame submarino de petróleo y un semigenocidio con los inmigrantes indocumentados en los Estados Unidos.

El Día de la Tierra, estalló una plataforma extractora de petróleo arrendada por la British Petroleum de Inglaterra provocando un derrame submarino a mil quinientos metros de profundidad. Mil barriles diarios de aceite negro salen por el agujero que perforó esta codiciosa compañía inglesa sin que hasta la fecha, con todos sus avances tecnológicos, haya podido contener el flujo negro que ya cubre miles de kilómetros cuadrados de océano y playas norteamericanas. El daño ambiental y económico provocado por la gran mancha oleaginosa es incalculable.

Por su parte los herederos del KU KLUX KLAN, organización racista de factura norteamericana y ahora de esencia antiinmigrante está cobrando la factura de sus derrotas pasadas al imponer leyes que atentan contra los más elementales derechos humanos, al grado que estas humildes personas víctimas del capitalismo deshumanizado, son tratadas como animales, amordazadas, encadenadas y maltratadas al mejor estilo nazi del Tercer Reich, ya sólo falta que las conduzcan desnudas a las cámaras de exterminio masivo como en Auschwitz.

Una tercera tragedia mundial se avizora con la agudización de la crisis económica planetaria que no tiene final previsible y que, sin duda, lleva al género humano por el despeñadero de la anarquía, el caos, el desconcierto y la desesperación.

El nuevo milenio apenas comienza y ya está mostrando el rostro del Armagedón apocalíptico que vívidamente describe Juan en el Libro de la Revelación redactado cuando estaba prisionero en la isla de Patmos de Grecia. Compare la descripción apocalíptica con los hechos mundiales para que usted decida su camino a recorrer y si su destino se unirá a los pobres ricos del futuro...

jueves, 1 de julio de 2010

Examenes de historia española a los inmigrantes




Exámenes de historia a los inmigrantes
Mario López

Cuenta la prensa que habita por la provincia de Madrid un juez que examina de historia a los inmigrantes, para acreditar que son dignos receptores del permiso de residencia. Dicen que les pregunta por los acontecimientos que se sucedieron en el año 1868. ¡Ah, qué tiempos aquellos! Cuando en Cádiz nuestras fuerzas navales se amotinaron, lideradas por el general Juan Topete contra el gobierno de Isabel II (por cierto, que la calle Topete es el Malecón de Madrid), presidido por Ramón María Narváez.
¡La Gloriosa!, la revolución burguesa a la española, que en lugar de hacer lo que hicieron nuestros vecinos franceses (cortar cabezas regias), se afanó en la búsqueda de un rey ya descabezado. Como dijo uno de los miembros del gobierno del llamado Sexenio Democrático y posterior regente, el general Francisco Serrano: "Es más difícil encontrar un rey democrático en Europa que un ateo en el cielo". Luego, ya sabemos cómo se las gastó el bueno de Serrano. ¿Para qué querremos acordarnos de esas cosas de nuestro pasado que a nuestros antepasados causaron tanta zozobra? ¿Para recordar la proclama del general Prim, llamando a las armas a los españoles para "economizar la profusión de sangre". Si es que nuestros dirigentes siempre nos han traído de cabeza. El que menos, Zapatero. Lo juro.

viernes, 9 de abril de 2010

El verdadero rostro del inmigrante de los cayucos



La ruta de los cayucos movió 45 millones de euros en solo tres años
El verdadero rostro del inmigrante de los cayucos


Nicolás Castellano
Cadena Ser


Ni analfabetos, ni huyendo del hambre, ni "engañados por las mafias". 26 años, con formación, con empleo, sólo el 1,2 fue convencido "por los pasantes" para subirse a un cayuco con destino a España, es el perfil del inmigrante que trató de llegar a nuestro país de 2006 a 2008. Un amplio y riguroso estudio de Cruz Roja desmonta muchos de los mitos en torno a la migración africana por esta ruta marítima. Cada inmigrante pagó 641 euros de media por el viaje, sólo en esos tres años la ruta de los cayucos generó un movimiento de 45 millones de euros.



Si tenían trabajo, el 86% y sus salarios eran superiores a los de la media de sus países origen. Tres de cada cuatro contaba con una formación educativa media, más del 75% era superior a la General Básica. El 98% intentaba por primera vez emigrar a Europa, y sólo el 1,2% se animó a subirse a un cayuco"reclutado por pasadores de personas", frente al mito de que eran "las mafias", como las califican los políticos europeos, las que "engañaban" a los jóvenes para arriesgar la vida en esas barcazas. Son solo algunas de las conclusiones del Estudio 'Migraciones africanas hacia Europa. Estudio Cuantitativo y comparativo. Años 2006-2008. Centro Nº6 de Nouadibou, Mauritania' realizado por un amplio equipo de técnicos de Cruz Roja Española y la media Luna Roja Mauritana después de entrevistar a 5.191 emigrantes africanos interceptados en Mauritania cuando intentaban llegar a España a bordo de cayucos.


Es importante subrayar que se trata de un estudio ceñido a la ruta de los cayucos desde Mauritania y Senegal hacia Canarias, que tiene unos condicionantes muy diferentes a los movimientos migratorios que se produjeron antes de 2006 o de lo que sucede en la que es ahora la principal vía de salida de emigrantes africanos, la ruta desde Somalia hacia Yemen a través del Golfo de Adén, donde el año pasado cruzaron más de 50.000 personas que si huían de situaciones de desnutrición y de conflictos armados.


Desde abril de 2006 cuando una antigua escuela fue reconvertida, con la ayuda del ejército español ,en el centro de asistencia a los migrantes interceptados en las costas mauritanas de Nuadibú, Cruz Roja Española y la Media Luna Roja Mauritana han asistido a 9.733 personas. A más de la mitad, los mediadores de esta organización humanitaria les realizaron un completo cuestionario con el que pretendían definir el perfil de los jóvenes africanos que intentaban llegar a Europa a través de la ruta de los cayucos. Las alargadas piraguas de pescadores del África Occidental aparecieron por primera vez a finales de 2005 en las costas de las islas canarias cargadas con jóvenes africanos, pero no fue hasta 2006 cuando esta vía batió todos los records de la migración por vía marítima hacia España y Europa con la llegada de 31.678 personas a Canarias.


Desde entonces los técnicos de Cruz Roja estaban investigando sobre el terreno qué resortes podrían explicar que la ruta desde Senegal y Mauritania se convirtiera entonces en la principal vía de entrada hacia Europa, al menos hasta finales de 2008 (ver gráfico 1). El resultado 4 años después en un estudio que tira por tierra numerosos estereotipos y prejuicios que tanto la clase política europea como los medios de comunicación han construido en torno a sus verdaderos protagonistas, los jóvenes subsaharianos.


De las 5.191 entrevistas realizadas en el centro de inmigrantes de Nuadibú se dibuja el siguiente perfil mayoritario del migrante que pretendía llegar a España: "Hombre joven, con una media de edad de 26 años, el 58% solteros, sin hijos, con formación general básica, con personas a su cargo, con trabajo antes de emigrar y con unos ingresos medios de 80 euros mensuales". De los cerca de 10.000 inmigrantes atendidos por esta organización el 8% eran menores de edad y sólo 21 eran mujeres .


El 86% de los encuestados tenían trabajo antes de emprender el viaje hacia Europa (ver gráfico 2) algo que ha sorprendido a los responsables de este estudio "porque no se corresponde con la idea que teníamos de que eran los más vulnerables en el África Occidental los que buscaban en el viaje migratorio a Europa una vía para el futuro de sus familias" asegura, en declaraciones a la SER, Jaime Bara, coordinador del estudio y miembro del departamento de cooperación internacional de Cruz Roja Española. La mayoría estaba empleado en la agricultura, el comercio y la pesca. Más del 75% contaban con educación superior a la General Básica (ver gráfico 3) muy por encima del nivel medio de estudios en Senegal, Mali y Gambia, los tres países de donde procedían el 97% de los jóvenes migrantes, frente a sólo un 3% del resto de países africanos.



"La tasa de analfabetismo en población adulta (más de 15 años) en Senegal es del 60,7%, en Mali de 76%, en Gambia de 57,5% y Mauritania de 48,8%", precisa el estudio. Jaime Bara señala que esta es "la auténtica fuga de cerebros, personas que pueden aportar valor a sus países, los más preparados, son los que se van a otros países en busca de un bienestar, perder a estas personas con una formación profesional, alfabetizadas, suponen un gran déficit para estos países".


Casi la totalidad, el 98%, no procede de países en conflicto salvo los que venían de la región de Casamance donde la guerrilla lucha por la independencia de Senegal de esta zona de enorme riqueza agricola .


El mito de las "mafias" hecho añicos



El 98% es la primera vez que intentaba emigrar a Europa y también la primera ocasión en la que es repatriado, frente a otras vías como la de Libia o Marruecos donde las personas permanecen durante años intentando culminar su proyecto migratorio con varios intentos (ver gráfico 4), Sólo el 1,2% de los jóvenes responden en la encuesta haber sido "reclutado por un pasador" frente al 70% que dice que fue una decisión propia o el 12% que apunta a que le convenció su familia."Esta pregunta aclara una cuestión importante, puesto que se tiende a pensar que la decisión de migrar surge la mayoría de las veces de una presión o imposición familiar, sin embargo, la encuesta refleja que en más de un 70% de los casos la decisión es propia" (ver gráfico 5).



Casi la mitad de los viajes, el 48,8% fueron organizados por "medios propios", frente al 32% organizados por los 'pasadores'. Nuadibú y la pequeña isla de Diogué, en la desembocadura del río Casamance en el sur de Senegal fueron los dos puntos principales puntos de salida que salieron a relucir en las encuestas. Según se señala en el informe "si observamos las tendencias por años, en el 2006 un 63% de los viajes fueron organizados por 'pasadores'. Esta cifra desciende drásticamente en 2007 y 2008. En estos dos últimos años el porcentaje de viajes organizados por medios propios se eleva considerablemente a 72 y 52% respectivamente". Al preguntarles si estarían dispuestos a volver a intentarlo, el 70% manifiesta que no, que regresará a su país y se quedará en él.


45 millones de euros invertidos en el sueño europeo


Aunque el precio del 'pasaje' para subirse a un cayuco fue oscilando levemente, la media que pagó cada inmigrante fue de 641 euros. Cruz Roja ha multiplicado esa cifra por las personas que llegaron a España esos 3 años y da como resultado que estas personas han invertido un total de 45 millones de euros para tratar de cumplir sus "sueños europeos" (ver gráfico 6).


En el estudio se explica de esta manera: "Si sumamos las cantidades pagadas por todos los encuestados que han respondido a la pregunta, obtendríamos un total de 1.114.465,21 de Euros. Si lo extrapolamos al número de personas migrantes llegadas a las costas españolas entre los años 2006 al 2008 (70.661) nos da una cifra de 45 millones de Euros. Cifra verdaderamente alta, que hace comprender la magnitud del negocio que se ha formado en torno a la migración, derivado de su alta rentabilidad y la relativa facilidad con que se lleva a cabo; obviando, por supuesto, el gran peligro que corren los migrantes que utilizan la vía marítima en la travesía hacia el lugar de destino."


Jaime Bara que tiene una amplia experiencia en cooperación internacional y especialmente en África asegura que "con 45 millones de euros se pueden hacer inversiones muy importantes en este continente".


La de los cayucos es una de las rutas más duras y dramáticas de todas las que tratan de conducir a Europa y donde se han producido más muertes constatadas desde 2006," inmigrantes extremadamentes vulnerables, miles de personas han perecido ahogadas y aunque el número de personas que atendemos en Mauritania se ha reducido a la mitad no deja de ser una sangría de miles de jóvenes cualificados que tratan de buscar una salida y una mejor forma de vida acaben falleciendo o fracasando en su intento" recuerda Bara que subraya que" el proyecto migratorio está muy mitificado, y sólo una minoría de los que se lo proponen acaban llegando desgraciadamente".


En 2009 cayó a la mitad las personas que pasaron por el polémico centro apodado 'Guantanamito' por sus duras condiciones. Aministía Internacional o CEAR han cuestionado las condiciones en las que son recluidos los inmigrantes y Jaime Bara reconoce que "requeriría de otras mejoras, existen alternativas como las que propone Naciones Unidas para no tener que detener a estas personas, lo que sucede que en 2006 en Mauritania no existían instalaciones con las mínimas condiciones para acogerles. Las condiciones son infinitamente mejores que las que tenían antes de crearse el centro en 2006 y hay que tener en cuenta la estancia media en el centro es de 4 días".


La llegada de inmigrantes por esta vía a España ha descendido a niveles desconocidos desde mediados de los 80 cuando llegó la primera patera a las costas andaluzas o desde 1994 cuando arribó a Canarias la primera barca con inmigrantes irregulares. En lo que va de año el descenso es del 99% en Canarias donde sólo ha llegado una patera en 2010, mientras que desde 2008 no se ha detectado la salida de ni un solo cayuco desde Senegal. Esto no significa que se haya cerrado esta vía porque los movimientos migratorios siempre han sido cambiantes. "Nuestra esperanza es que este flujo de inmigración irregular disminuya, no porque estemos en contra porque consideramos la emigración un derecho de toda persona sino porque la emigración llevada acabo de esta forma tiene unas consecuencias humanitarias catastróficas desde el punto de vista psicológico y físico para las personas que lo intentan", concluye Bará. Cruz Roja Española cuenta además con otros dispositivos de atención a migrantes en Senegal y Mali.
http://www.cadenaser.com/sociedad/articulo/verdadero-rostro-inmigrante-cayucos/serpro/20100402csrcsrsoc_1/Tes

jueves, 1 de abril de 2010

La xenofobia que viene

Xavier Rius Sant
El Periódico

El resultado de la encuesta publicada por EL PERIÓDICO, según la cual uno de cada cuatro catalanes podría votar una candidatura xenófoba o la consideración por parte del 48% de los sondeados de que la inmigración es negativa para el país, nos muestra, una vez más, las consecuencias del miedo y los electoralismos con los que la clase política ha afrontado el cambio social irreversible que ha significado la inmigración. Transformación que se consideraba a todas luces un éxito dado que España había pasado en pocos años de un 3% de población extranjera o de origen extranjero al 15% actual sin conflictos sociales importantes. Una inmigración que había llegado súbitamente por dos motivos: para paliar la caída de la natalidad que a inicios de los 90 se convirtió en la más baja de Europa, con un índice de fecundidad de solo 1,2 hijos por mujer, y por la demanda de mano de obra, acrecentada por un impulso económico superior al 3%. El periodo de mayor aumento de la inmigración tuvo lugar durante el Gobierno de José María Aznar, pese a que este no se cansó de agitar los miedos a este fenómeno.
Hace tres semanas, el ministro Celestino Corbacho presentó el informe del Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia, organismo dependiente del Ministerio de Trabajo, y que basa sus conclusiones en encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas. Pues bien, según dicho informe, en 1996, cuando Aznar llega a la Moncloa y en España hay solo 600.000 extranjeros, el 28% de los ciudadanos creen que hay demasiados inmigrantes. En el 2005, cuando el crecimiento económico demandaba más empleo, y el ministro Jesús Caldera crea mecanismos para la contratación en origen, son ya un 60% los que opinan que son demasiados. Ahora, según este informe, el 77% opinan que hay demasiados inmigrantes, dato que coincidiría con lo expresado por el sondeo de EL PERIÓDICO.
Resulta significativo que en el 2005, cuando ni hay ni se aventura una crisis económica, ya el 60% cree que hay demasiados inmigrantes pese a que la economía crece y las familias demandan más. Todo el mundo trabaja con inmigrantes o tiene inmigrantes cuidando a sus hijos o abuelos, pero, en cambio, siente que hay demasiados. La baja natalidad, que sigue siendo la menor de Europa, no preocupa. En cambio, sí que preocupa que haya tantos inmigrantes, pese a no asomar todavía la crisis. No hay racismo social, todos necesitamos inmigrantes, pero de alguna manera se asume el espíritu de aquella frase por la que se hizo famoso el alcalde de El Ejido, Juan Enciso: «A las ocho de la mañana todos los inmigrantes son bienvenidos para trabajar, pero a las ocho de la tarde sobran todos». Es decir, lo que molesta a la población no es tener inmigrantes trabajando en casa, en la empresa o consumiendo, sino su visibilidad. Evidentemente, la no asunción por los gobiernos del PSOE y del PP de la magnitud del fenómeno, sin incrementar los servicios públicos, sería otra de las causas de esta percepción. Los discursos alarmistas de ciertos políticos sobre el impacto negativo de la inmigración con el ¡aquí no cabemos todos!, pronunciados cuando la economía demandaba más inmigrantes, aumentaban dicha opinión. Pero, pese a que no guste ver a tantos inmigrantes, de alguna manera se los asume como necesarios y no surgen ni en Catalunya ni en España movimientos racistas. Es loable y un síntoma de madurez que, pese a afrontar ahora un desempleo mayor que nuestros vecinos europeos, no hayan surgido movimientos sindicales o de parados xenófobos.
La xenofobia ha surgido en barrios en los que, al no haber planificado las administraciones esta fuerte llegada, se han creado guetos. Aquí, la población autóctona se siente en minoría y afronta los problemas de convivencia derivados de esta llegada de personas con otras costumbres. Y ha sido precisamente en una de estas poblaciones, en Vic, donde Josep Anglada, haciendo un eficaz puerta a puerta, obtuvo 3.000 votos y cuatro concejales. La equívoca actuación del alcalde, Josep Vila d’Abadal, asumiendo parte de sus argumentos, catapultó a Anglada a los medios de comunicación. En cambio en Salt, donde el índice de inmigrantes y de parados es mayor, la alcaldesa Iolanda Pineda ha sabido crear consensos en lugar de legitimar conflictos.
Es posible que Plataforma per Catalunya (PxC) obtenga representación en el Parlament. Afortunadamente, el pasado fascista de Anglada o la escisión de algunos de sus militantes, con el concejal de Cervera Mateu Figuerola a la cabeza, que ha creado el Partit per Catalunya imitando el logotipo de PxC y se presentará a las elecciones con el fascista Movimiento Social Republicano, le restarán votos. Pero lo grave no será que Plataforma entre en el Parlament, dado que la gran mayoría de países europeos ya tienen grupos racistas en sus parlamentos. Lo realmente preocupante sería que, como parece que van a hacer PP y CiU de aquí a las autonómicas, se asuman sus argumentos. Al hacerlo, no solamente legitiman el miedo y rompen la cohesión social, sino que, al dar la razón a los xenófobos, dan motivos a la ciudadanía para que los vote.Fuente: http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=699472&idseccio_PK=1006

viernes, 8 de enero de 2010

Minaretes, mujeres y obispos


Minaretes, mujeres y obispos
ROSA PEREDA 06/01/2010 EL PAIS


Yo creo que el obispo Sanz Montes se equivoca. Si yo fuera un purpurado tradicionalista, no tendría la menor duda: estaría a favor de los minaretes en Suiza, y también en España. En todas partes. Yo misma estaría bastante a favor, siempre que no me pusieran los altavoces (modernos) a cien metros de mi casa, porque el sonido de las dulces campanas (sin amplificar) está en mis recuerdos de infancia, y la salmodia del muecín es bella, muy bella. Como las campanas.



Una cosa estética. Pero desde la perspectiva del obispo... Yo creo que el obispo de Canterbury, Rowam Williams, estaba más en línea cuando proponía al Parlamento británico que las cuestiones de familia de los anglomusulmanes, que los hay, se pudieran regular en Gran Bretaña por la ley coránica.



Las anglomusulmanas, que también las hay, pusieron el grito en el cielo: de ninguna manera, expresaron, porque por muy creyentes que fueran, preferían la ley pura y dura, de británicas como todas, para sus divorcios, sus adulterios y sus relaciones de familia, que es de lo que se trataba. Preferían que, por la ley, se respetaran sus derechos, los derechos humanos.



Y ahí está el quid que había entendido tan bien el de Canterbury: que tenía más en común con los imanes, en lo que se refiere al tratamiento del derecho de familia, que con la legislación moderna, derivada de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.



¿Que por qué fueron las mujeres musulmanas las que dijeron que ni hablar? Pues porque el derecho tradicional de familia se refiere fundamentalmente a nosotras, las mujeres. Bueno, más que fundamentalmente, yo diría que únicamente, salvo en el tema de la herencia del patrimonio. Y eso, en las leyes de origen musulmán, pero también en la tradición cristiana y en la judía. Y en la ley civil, por decirlo así, hasta la modernidad.



Parece que se nos olvida que en España, hasta hace cuatro días como quien dice, el adulterio estaba penado con cárcel y era figura de mujer: en el hombre, el amancebamiento necesitaba pruebas de permanencia en el tiempo, etc., que ahora diríamos -decimos- que eran muy discriminatorias. Que matarnos, en ese caso, tenía atenuantes y hasta eximentes. Que hasta hace cinco minutos, las mujeres no disponían de sí mismas ni de su patrimonio, y que, mientras los varones alcanzaban la mayoría de edad a los 21 años, las mujeres no lo hacían hasta los 23. Ni cuenta corriente, ni libertad de movimiento, ni... Bueno. Hace muy poco que las mujeres somos iguales en el papel. Y la igualdad real es todavía un objetivo. En todo el mundo. En Occidente también.



Ahora está de moda hablar del drama de las mujeres musulmanas. Yo soy la primera que cree que tenemos que reflexionar, ellas y nosotras, sobre los temas de la indumentaria y la identidad -que es a los que se suele aludir mayoritariamente: del burka al velo o al chador-, y que no podemos mirar para otro lado ante el atropello de sus derechos, esa ordalía de sangre legalmente derramada, y esa sumisión al hombre, obligada también por sus leyes. O esa discriminación respecto a la vida cotidiana, los estudios, las libertades que nos parecen elementales. Pero cuidadín: no se trata sólo de eso, y eso hay que contextualizarlo. Ni todos los Estados musulmanes niegan los estudios y la atención médica a las mujeres, ni todos obligan al burka, ni todos apedrean a las adúlteras, por poner algunos ejemplos terribles. Ni siempre fue así.



Estamos ante el avance arrollador de las corrientes más reaccionarias y los clérigos más duros del integrismo musulmán, y su toma del poder político, y no quiero entrar en el origen y la responsabilidad en el auge de estas corrientes. Es un hecho que parece ser un signo de los tiempos. Porque también estamos oyendo a los integristas protestantes, a los ultrarreligiosos judíos, a los ultracatólicos.



Mal de muchos no consuela ni a los tontos, pero sí puede ponernos sobre aviso de lo fundamental: sólo una sociedad laica, con leyes laicas ajustadas a derecho y de aplicación universal, incluyendo a las mujeres, que si no, poco universal sería, puede librarnos de esas tropelías. No es sólo el tema de las mujeres el que está en juego, con todo lo importante que me parece.



Ya sé que la pregunta es hasta dónde llega el laicismo, que no es el ateísmo obligatorio, sino el terreno de juego donde es posible la libertad de cultos y también, la de no tener ninguno.



Ese terreno que permite la universalidad de los derechos humanos y la no discriminación de las minorías -y no me refiero a las mujeres, que somos mayoría; pienso, por ejemplo, en el joven Nemat Safavi, condenado a muerte en Irán por ser homosexual- y la convivencia de las iglesias y las religiones, de sus espacios y sus manifestaciones colectivas, dentro de esa raya intranspasable que garantizará el estado laico.



¿Y los minaretes? Los suizos han votado mayoritariamente que no se construyan más. No sé si esta cuestión debe votarse. No sé si los derechos de las minorías deben ser votados por la mayoría.



Desde luego, éste es el ten con ten de las feministas suizas, que no quieren minaretes en sus ciudades, pero, sinceramente, no entiendo bien al obispo de Oviedo. O sí le entiendo...


Rosa Pereda es escritora y periodista.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Llegan menos, pero mueren mas; ¡qué bien!



Según el Gobierno español estamos de enhorabuena. Suena a broma, pero lo dicen con la misma seriedad con que quisieron quitarnos del vino y del tabaco; con el mismo convencimiento con que negaron que hubiera crisis económica; con la misma certeza con que aseguran que se equivocan instituciones como el Fondo Monetario Internacional o el Banco de España, que -¡pobres ignorantes!- han expresado dudas sobre el futuro de la economía española.




Sí, llegan menos inmigrantes clandestinos a bordo de cayucos. Pero mueren muchos más: a fines de agosto se contabilizaban treinta y dos muertes en las costas canarias (diez más que el año anterior por las mismas fechas).

Lo importante, sin embargo, es la eficacia de nuestros controles fronterizos y el efecto disuasorio de esas muertes. ¡Qué bien!, ¿verdad? Y qué orgullo ser gobernados por estas dignas personalidades, émulas de Santa Teresa de Calcuta y dignas de asumir papeles estelares en películas de los Hermanos Marx (por su marxismo militante, se entiende).


--
Manuel Ferrer Muñoz

Coordinador general del Centro Europeo de Estudios sobre Flujos Migratorios

El hambre y los intereses


El hambre y los intereses
GUSTAVO DUCH


El próximo 16 de octubre llegamos a una de esas fechas señaladas desde las Naciones Unidas –el día Mundial de la Alimentación– que este año se presenta con un dato, mejor dicho, con una bofetada escandalosa: 1.020 millones de personas en el mundo sufren hambre y desnutrición. Más que nunca. Coincidiendo con la fecha aparecerán nuevos informes acompañados de recomendaciones y algunas promesas. “Oficialmente” se explicará el incremento de la cifra en 100 millones por la crisis financiera que hizo bajar las donaciones a los países más necesitados y por las condiciones climáticas cada vez más duras. Otros estamentos irán más allá y añadirán que estos niveles de pobreza tan graves son consecuencia de una falta de voluntad política, de un desentenderse de la situación. Pero no, digo yo que no, que todo lo contrario, que es claramente una realidad provocada por una voluntad política de mantener un mundo por encima de otro. De sostener un mundo aplastando los recursos de otros. Ahí están, como novedad en los análisis de este año, la especulación con los precios de los alimentos y la adquisición de tierras de cultivos alimenticios para otros usos, dos atropellos que argumentan mi postura.



La crisis alimentaria iniciada en 2007 pareció despertar la preocupación de los estamentos internacionales y algunas iniciativas para afrontar la gobernanza de la alimentación y la agricultura a nivel global han aparecido en escena. Existe consenso en cuanto a la ineficacia de los mecanismos institucionales actuales, pero no respecto a cómo solventarla. Durante estos días se debate sobre las supuestas soluciones. Por un lado tenemos la propuesta del G-8 de crear una nueva “Alianza Global sobre la Agricultura, la Seguridad Alimentaria y la Nutrición”, mientras que algunos gobiernos y colectivos de la sociedad civil abogan por la renovación y el fortalecimiento del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial de la FAO (la Agencia de la Alimentación y la Agricultura de las Naciones Unidas). No es una discusión baladí. Los defensores de las políticas económicas neoliberales defienden un espacio de coordinación donde se otorgue poder de decisión, además de a los gobiernos, al sector privado y a las instituciones financieras internacionales, es decir, a la Organización Mundial del Comercio, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Encontrar en la mesa de coordinación a representantes de empresas como Monsanto o Nestlé –por nombrar un par– junto con los actores que han contribuido a la desregularización de la agricultura, no es desde luego aceptable para muchos gobiernos del Sur, que reclaman un papel de liderazgo para la FAO, una institución del sistema de Naciones Unidas, donde cada país tiene un voto de igual valor.



Más allá del espacio de gobernanza, es clave conocer la estrategia a implementar y, otra vez, creo, deberíamos mirar hacia Ginebra –sede de las Naciones Unidas–, desarrollando políticas desde la perspectiva de los derechos humanos y no hacia Washington –sede del Banco Mundial, por ejemplo–, insistiendo en políticas neoliberales. El hambre no es un negocio que a veces sale bien y otras sale mal. Es la violación de un derecho, del Derecho a la Alimentación. Como tal se recoge en el artículo 25 de la Declaración Universal de Derechos Humanos y se desarrolla en el artículo 11 de la Convención Internacional sobre los Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Tomar como eje de acción el Derecho a la Alimentación es aceptar que los pueblos y sus poblaciones deben tener acceso permanente a la alimentación. Derecho a alimentarse, es decir, a producir sus alimentos accediendo a los recursos que los hacen posible: tierra, agua y semillas. Si se acepta este enfoque, los estados tienen entonces la obligación de “respetar, proteger y garantizar” el Derecho a la Alimentación desde sus responsabilidades territoriales y extraterritoriales.



Y también supondría un despliegue legislativo que defendiera a tantas personas de la vulneración de su derecho a alimentarse. Al respecto quisiera citar dos ejemplos que ha documentado el Observatorio del Derecho a la Alimentación y la Nutrición. El primero es el caso de la India, que, a pesar de un incremento significativo del PIB, presenta tendencias de aumento de la pobreza. El Gobierno de la India ha promovido el cultivo de agrocombustibles para reducir su dependencia energética y –dicen– incrementar puestos de trabajo agrícolas. Si el Gobierno hubiera seguido las directrices del Derecho a la Alimentación como prioridad frente a intereses de grandes corporaciones como Daimler Chrysler, no se hubieran generado los impactos provocados sobre las poblaciones campesinas locales: sustitución de cultivos de subsistencia, escasez de agua por la alta demanda de los cultivos energéticos, destrucción de tierras y bosques dedicadas al pastoreo y más dificultades para acceder a la madera como combustible.



El segundo ejemplo es el caso de Zambia, donde las producciones de miel y leche generan alimentos, ingresos y empleos a muchas familias, pero su Derecho a la Alimentación se ve vulnerado esta vez por los acuerdos comerciales entre Zambia y la Unión Europea, que llevarán a competir a los productores locales con las grandes corporaciones europeas, fuertemente subsidiadas.



Decía al principio que el hambre no es sólo un problema de negligencia, sino una cadena de intereses a favor de unos pocos. Contra esos intereses debe centrarse cualquier estrategia de lucha contra el hambre. El enfoque desde los derechos ha avanzado en los últimos años. Desde la sociedad civil se elaboraron las Directrices Voluntarias para la Realización del Derecho a la Alimentación que fueron aprobadas en noviembre de 2004 por el Consejo de la FAO. Ahora faltaría que dejaran de ser voluntarias.



Gustavo Duch es ex director de Veterinarios sin Fronteras y colaborador de la Universidad Rural Paulo Freire
Ilustración de Iker Ayestaran
Fuente: http://blogs.publico.es/dominiopublico/1602/el-hambre-y-los-intereses/

viernes, 2 de octubre de 2009

Una ley injusta e innecesaria



Desconcierto, estupor, desacuerdo, vergüenza… son algunos de los sentimientos que expresan dirigentes socialistas cuando se les pregunta por la reforma de la Ley de Extranjería que ha llevado al Congreso el Gobierno al que sustentan. “No sé qué hacemos apoyando esto”, confiesa un dirigente del grupo parlamentario mayoritario. “Voy a tener que estudiarlo, porque no paro de recibir mensajes alarmantes de las ONG”, admite otra relevante socialista.

La norma se ha ganado la crítica unánime de la izquierda y el desprecio de cuantas organizaciones trabajan en la integración de los inmigrantes. La razón es sencilla: endurece las condiciones actuales para vivir y trabajar legalmente en España, trata a los inmigrantes como mera mano de obra en lugar de verlos como personas y establece cuantas barreras exigen quienes sostienen el discurso xenófobo de que los de fuera vienen a quitarnos el pan de la boca.

Entonces, ¿por qué apoya la reforma el Grupo Socialista? La respuesta es tan simple como descorazonadora: los diputados cumplen siempre con la disciplina de voto, ni se plantean oponerse a una propuesta de su Gobierno. Pero, ¿por qué la promueve el Gobierno? Para entenderlo hay que volver a principios de 2008, cuando el PP incluyó en su programa electoral la propuesta de exigir un “contrato de integración” para conceder la residencia a los extranjeros. El PSOE, alarmado por los primeros indicios de una crisis económica que no quiso reconocer y agobiado por amarrar esos votos indocumentados en los que suelen prender los mensajes populistas, se subió al carro de la xenofobia conservadora y empezó a perpetrar el endurecimiento legal que ahora está en trámite.

Pasaron las elecciones. Arreció la crisis. Los inmigrantes dejaron de venir a un país en el que ya no encuentran trabajo… pero la burocracia siguió su curso y la estrechez de miras impidió al Gobierno aparcar el proyecto con el que el ministro Celestino Corbacho sustituyó al peligroso Jesús Caldera, aquel ministro que cometió la atrocidad de sacar a un medio millón de personas de la economía sumergida y hacer que empezaran a cotizar a la Seguridad Social.

La reforma de la Ley de Extranjería es de todo menos socialdemócrata. Pero tiene otros defectos más prosaicos: es innecesaria, injusta e incoherente. Innecesaria porque en 2009 ha caído estrepitosamente la llegada de extranjeros a causa de la crisis (el verdadero efecto llamada, no nos engañemos, es la bonanza económica) y crece el número de ciudadanos que retornan a sus países. Es injusta porque trata al inmigrante como un delincuente potencial (permite alargar su internamiento sin cargo penal alguno) y multa a quien le dé cobijo como a un cómplice. Y es incoherente con las políticas de integración y de ampliación de derechos de las que el Gobierno socialista ha hecho bandera desde 2004.

Repugna a todos, menos al PP, que en su escalada populista aún la encuentra blanda. Ya ha recibido 500 enmiendas, muchas de ellas del propio PSOE. Ojalá el trámite parlamentario la deje irreconocible, aunque sea a costa de malgastar el tiempo de los diputados en una batalla que podría haberse evitado.
Salomé García

jueves, 1 de octubre de 2009

Ocho mentiras que nos hacen xenófobos



Inmigración: desmontando tópicos
Nacho Carretero
Rebelión

Hay pocas cosas que tengan tópicos tan arraigados e incrustados como es el fenómeno de la inmigración en España. Ciertas ideas se han enquistado con tanta fuerza en el subconsciente de nuestra sociedad, que es realmente difícil extirparlas. Y todas ellas nos están convirtiendo, a pasos agigantados, en una sociedad xenófoba. Son muy pocos los que admiten ser xenófobos pero muchos (cada día más) los que, lo sepan o no, lo son.
Esto se demuestra en un artículo de ‘elconfidencial.com’ publicado hace sólo unos meses: cinco de cada diez españoles (la mitad, ojo) opina que debería tener el derecho de elegir colegio para sus hijos por delante de un extranjero residente legalmente en España. Cuatro de cada diez también opinan que deberían tener también preferencia a la hora de acceder a la sanidad pública. El artículo se basa en un estudio realizado recientemente por el Observatorio Español de Racismo y Xenofobia, en el que se refiere a inmigrantes legales: con trabajo, cotizando y con derechos adquiridos. Es decir, según este estudio, la mitad de los españoles creen que deberían tener más derechos que sus conciudadanos extranjeros por el hecho de ser españoles.
¿Cómo se explica que la mitad de la sociedad española considere que tiene más derechos que sus vecinos por el único hecho de haber nacido en este suelo? La respuesta está en los mencionados tópicos sobre la inmigración.
Tópico uno: Nos invaden. Walter Actis, sociólogo miembro del Colectivo Ioé, explica en 'El País' que “el mensaje que nos están transmitiendo los medios es falso y alarmante: nos invaden cientos de pateras. No es cierto. Pese a la desproporcionada atención que prestan los medios de comunicación, el peso estadístico de los inmigrantes que llegan en pateras o cayucos es casi despreciable (representan menos del 1% del total). La mayoría llegan en avión, seguidos de los que usan carretera”.
Además, la inmigración explica el 77% del crecimiento de la población total de España entre 1998 y 2007. Su incidencia en el incremento demográfico español se sitúa por encima del 80%. Sin este crecimiento no hubiera crecido nuestro PIB como lo ha hecho ni nuestra economía sería lo que es. Y eso que ni de lejos somos el país con más inmigrantes: somos el décimo y, curiosamente, somos el primero en número de trabajadores extranjeros, lo que da buena cuenta de a qué vienen aquí los extranjeros y qué es lo que quieren hacer: trabajar.

Tópico dos: Con la llegada de inmigrantes, España es un país más inseguro. Según los datos oficiales del Ministerio del Interior, el número de delitos por habitante en España ha descendido un 22,7% entre 2002 y 2006, años en los que la inmigración ha crecido un 86,5%. La dinámica real no coincide con las percepciones sociales. Las estadísticas de presos extranjeros incluyen a los preventivos (sin sentencia dictada) y a los turistas y extranjeros de paso. Sin contar ambos grupos, la proporción de inmigrantes detenidos se reduce más de la mitad y alcanza una tasa muy próxima a su peso poblacional.
Tópico tres: Delinquen por necesidad. Llegan sin nada y roban. Un macroestudio reciente del INE explica que el 75% de los inmigrantes estaba trabajando en su país de origen antes de decidir venir a España. Esto destruye el tópico de que vienen porque no tienen nada en su país. “No se trata de vagos, delincuentes o desempleados, para empezar porque estos grupos no podrían pagarse el viaje”, explica el Catedrático de Ciencias Políticas de la Complutense de Madrid, David Reher. “El 25% restante, probablemente, sean hijos menores de edad, por lo que no estaban trabajando antes”, añade. Además, el estudio del INE señala que los inmigrantes tienen un nivel educativo similar al de la población española. Un 59% han acabado los estudios de secundaria y un 20% tienen titulación superior. En el grupo con peor cualificación, los africanos, el 75% han acabado la primaria. “El problema”, explica la historiadora Blanca Sánchez Alonso, “es que falta agilidad administrativa para homologar sus títulos. Por esa lentitud burocrática se da la situación de profesionales no reconocidos. Una cosa es que trabajen en empleos de baja cualificación y otra que su formación o estudios lo sean”.

Tópico cuatro: Nos quitan el trabajo. No sólo es falso, sino que pujan por empleos inferiores a su preparación en más de la mitad de los casos. Además, si el discurso era que se necesitaba mano de obra extranjera para que el español pudiese dejar de ensuciarse las manos, ¿por qué ahora son ellos el primer objetivo a culpar cuando llega la crisis? Ni antes se necesitaba explotarlos como se explotaron, ni ahora sobran. Forman parte del sistema, de la maquinaria, para lo bueno y para lo malo, y tienen los mismos deberes y derechos que el resto de conciudadanos, nacidos aquí o fuera. Lo explica mejor la asociación SOS Racismo: “En un ambiente de crisis, los ciudadanos de origen extranjero son tomados como chivo expiatorio del peligro que corre el actual Estado del bienestar, a pesar de que ello suponga una legitimación de la xenofobia. Los trabajadores inmigrados aportan a las arcas de la Seguridad Social como el resto, y por tanto deben tener los mismos derechos y prestaciones”. Tópico cinco: Tienen más ayudas. La discriminación positiva para con los sectores más desfavorecidos es criticable, pero no por cuestiones de nacionalidad, al menos a mi entender. Facilitar el acceso a una vivienda o a un trabajo a un inmigrante es una manera de ayudar a su integración, ergo a su implicación, ergo a ausencia de problemas sociales.

Tópico seis: Saturan los servicios sociales. De dónde salió esta creencia, no se sabe. Pero el hecho es que desde hace tiempo, se oye que la llegada de inmigrantes ha saturado la sanidad pública. Que la sanidad pública, efectivamente, esté saturada, no lo voy a poner en duda. Que sea culpa (una vez más) de la llegada de inmigración, sí. En realidad no expongo yo la duda razonable, lo hace Enrique Regidor, del Departamento de Medicina Preventiva, Salud Pública e Historia de la Ciencia de la Universidad Complutense de Madrid, quien hace unos meses explicó que “en líneas generales, la población inmigrante en España utiliza los servicios sanitarios con menor frecuencia que la autóctona, al igual que ocurre en otros países”. Toda la verdad sea dicha. Según explica este mismo profesor, los inmigrantes de América Central y Sudamérica utilizan algo más las Urgencias aunque mucho menos los médicos especialistas. ¿Pero que estos inmigrantes utilicen más las Urgencias es motivo para que se sature la Sanidad Pública y, sobre todo, para que se culpe a los inmigrantes de este hecho? ¿No sería más lógico ser crítico con nuestra infraestructura sanitaria insuficiente para absorber la demanda o educar a la población para que sepa cuándo hay que ir a urgencias y cuando no? (Invito a ir a ugencias una mañana cualquiera, para comprobar qué clase de elementos se acercan por ahí y medir cuántos se podrían quedar tranquilamente en su casa). Los inmigrantes, como insinuó algún político socialista, no se agolpan ante los hospitales maravillados porque les atienden gratis, cuando en sus países les cuesta dinero, ya que, como explica Regidor, “la condición de inmigrante influye más que el lugar de procedencia en el uso que se hace de los servicios sanitarios: los inmigrantes de los países ricos muestran un comportamiento similar a los inmigrantes procedentes de los países pobres”. Si la sanidad también está mal, que se culpe a quien se tiene que culpar, no a los de siempre.
Tópico siete. Los españoles emigrábamos, pero con contrato y trabajo. Mentira. Y una vez más no lo digo yo, lo dice la profesora de la Universidad CEU San Pablo, Blanca Sánchez Alonso, quien no sólo desmiente esta creencia, sino que afirma que sólo la mitad de los emigrantes españoles de los años 60 y 70 eran ‘legales’. Lo explicó en el Seminario Lucas Beltrán de la citada Universidad: “Sólo la mitad de los emigrados españoles –comenta- lo hicieron a través de la vía establecida por el gobierno, de lo que cabe deducir que la otra mitad emigró sin contrato y de manera ilegal”.

Tópico ocho. El tratamiento de los medios de comunicación y el mensaje de los políticos. Más que un tópico, es una costumbre. Los medios dan poco o ningún eco a datos como los tópicos antes expuestos (aunque los conocen, y perfectamente) y mucho a otras caras de la migración. No discuto que la llegada de una patera sea un hecho más noticioso que la graduación en ingeniería aeronáutica de un ecuatoriano, pero sí pongo en cuestión el trato mediático que recibe la llegada de inmigrantes. A mí juicio es sesgado e intencionado, y alimenta la percepción social negativa del fenómeno. Voluntaria o involuntariamente, pero lo hace.
Un buen ejemplo lo encontramos con la llegada, la pasada primavera, del ‘supercayuco’, que arribó a las costas de Canarias con 239 inmigrantes a bordo. De nuevo titulares de ‘oleada’ (que hace unos meses sustituyó a la que debieron pensar excesiva y poco correcta políticamente, ‘avalancha’). El portavoz de SOS Racismo nos invita a fijarnos cómo la cifra de inmigrantes que lleguen en una patera no importa; siempre va precedida de la palabra oleada: Nueva oleada de inmigrantes: Llega una patera con 13, 25, 80, 100 (no importa la cifra), inmigrantes. Es bastante curioso fijarse en ello. Por desgracia, esto es sólo la punta del iceberg. Para muestra, dos botones. ‘El Mundo’, un día después de la llegada de los 239 inmigrantes, titulaba que los centros de internamiento de inmigrantes en Canarias estaban colapsados. Míralo. Este titular, directamente, es mentira. Los centros de internamiento no están saturados ni mucho menos colapsados. Ni siquiera tienen una ocupación alta. En concreto, ese mismo día, los tres centros que existen en la islas estaban acogiendo a 1.419 personas, por las 2.637 plazas de las que disponen. Más aún: el centro de Hoya Fría fue el que acogió a la ‘oleada’ de 239, haciendo aumentar la cifra de los que retiene a 349, cuando su capacidad es de 1.200. Es decir, la llegada del mayor cayuco de la historia a Canarias es una insignificancia para estos centros, y ya ni hablemos de los que supone para un país. Eso sí, que no falte la palabra ‘oleada’ y el titular de colapso en los centros para que quede bien mascadito el mensaje de que nos invaden. “Lo que se saturó fue la comisaría ayer al identificarlos, como se satura cuando hay una manifestación y detienen a 20”, explica Juan Antonio Corujo, coordinador de Cruz Roja en Canarias. Entonces, ¿por qué tituló así ‘El Mundo’? Buena pregunta. Tal vez se refiriera al centro de menores que, sin estar saturado, tiene alta ocupación porque (todavía) es ilegal repatriarlos. Pero no debía caberle este matiz en el titular y lo explicó sólo en un párrafo del interior del texto. Para completar la noticia, ‘El Mundo’ señala que la llegada de pateras se ha disparado en septiembre, pero no especifica que el crecimiento es sólo con respecto a agosto porque han llegado un 7% menos de pateras este septiembre que el pasado y un 57% menos que hace dos, ni que esto ocurre todos los años ya que es el mes más propicio por el clima para que los cayucos salgan al mar.
‘El País’ tampoco se libra. El mismo día titulaba con esto: ‘Miles de 'sin papeles' esperan en Nuadibú para saltar a Canarias’. Nuadibú es una ciudad costera al norte de Mauritania desde donde parten la mayoría de los cayucos que llegan a Canarias. No pongo en duda que así sea. De hecho, es verdad que muchos senegaleses y guineanos emigran ilegalmente primero a Mauritania, donde malviven en los barrios de Nuadibú, para después coger un cayuco que les lleve a España. Esos días TVE emitió un reportaje sobre la situación de estas personas, recorriendo algunos barrios de la ciudad y entrevistándolos. Sin embargo, la noticia de ‘El País’ basa su argumentación en el primer párrafo: “El centro de retención de Nuadibú, donde son recluidos los inmigrantes irregulares que las autoridades de Mauritania capturan en redadas y controles realizados en las calles y en el puerto pesquero, alberga actualmente a 620 internos, más del doble de los habituales”. Mentira. Ese día concreto, el centro de retención de inmigrantes de Nuadibú tenía retenidas, atención, a dos personas en su centro. Y el día anterior había retenido a seis. Ni siquiera la cifra de 620 se corresponde a los inmigrantes totales retenidos en septiembre, ya que fueron muchos menos. 620, según me cuenta por teléfono la coordinadora española de este centro de la Cruz Roja, son los inmigrantes retenidos durante todo agosto. “Una cifra más alta de la habitual”, me cuenta, pero que no supuso ninguna ‘oleada’ de cayucos entonces. “Se habrá equivocado tu compañero de ‘El País’, me dice. “Espero”, respondo. Además, Cruz Roja explica que no esperan ninguna llegada masiva de cayucos ni están en alarma ni nada parecido, algo que no puede leerse por ninguna parte de la noticia. ‘El País’nos ofrece una ciudad rebosante de ‘sinpapeles’ donde los centros no dan abasto y donde se cuece una avalancha inminente de pateras. ¿Por qué? Buena pregunta, de nuevo.

El otro factor que alimenta las creencias populares es el de los políticos. El Gobierno propone reactivar y motivar la economía de Mauritania para evitar que sus gentes tengan la necesidad de salir del país. Si embargo, paralelamente, modifican la Ley de Extranjería para limitar hasta el extremo la llegada de extranjeros y refuerzan la vigilancia en las fronteras haciendo que las vidas que el mar se traga crezcan sin parar. Hasta la fecha el gobierno estima en 329 los muertos en las travesías, pero la asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía cifra los desaparecidos en más de 3.500. Además, David Reher, catedrático de Ciencias Sociales, explica que reactivar la economía de Mauritania no sólo no solucionará nada, sino que hará que aumente el número de cayucos. “Las personas que se lanzan al mar en patera son de clase media, con ahorros, ya que el pasaje les cuesta entre 600 y 1.000 euros. Más caro que ir en avión. Reactivar la economía de Mauritania permitirá a más jóvenes mauritanos optar a un cayucos y dejará igual a los senegaleses, guineanos o malíes, que son mayoría en las embarcaciones”. “Por otra parte –me explican desde SOS Racismo- si a la vez se refuerza la vigilancia en el mar, las mafias completarán recorridos más arriesgados y llenarán más las embarcaciones, provocando más muertes”. Los datos expuestos demuestran que la inmigración es un fenómeno que, de momento, está siendo positivo para la sociedad española. Sin embargo la percepción social hacia la inmigración es la opuesta. ¿Por qué? Javier A, sociólogo de la Universidad San Pablo CEU, propone una respuesta: “Lo que asusta a la gente es el cambio de paisaje urbano, ver tu barrio con otras culturas. La multiculturalidad sigue siendo una gran desconocida en España, algo folclórico de lo que de momento no estamos sacando verdadero provecho. Y es verdad que no todas las comunidades se integran igual y que muchas de ellas resultan raras y poco atractivas para nosotros. Pero de ahí a considerar que tienen menos derechos, media un abismo”. El sociólogo Walter Actis ofrece otra posible explicación al creciente rechazo hacia la inmigración: “Es más fácil describirles como desarrapados y muertos de hambre que nos quitan el trabajo. ¿Por qué no es noticia un inmigrante cualificado y que ha progresado y sí lo es conflictos como Roquetas del Mar o llegada de inmigrantes en patera? Constantemente y sin fundamentos, se lanza el mensaje desde prensa y política de que lo mejor es que los inmigrantes se vuelvan a casa.” Y yo me pregunto después de lo expuesto. ¿Realmente lo es? Porque la mitad de España, de verdad, ya lo cree.

Nacho carrtero es autor del blog www.sinanimodenada.blogspot.com

martes, 25 de agosto de 2009

Mujeres en el Islam





Mujeres en el islam: tradición o emancipación
Juan José Tamayo 24/08/2009 www.elpais.com

http://www.elpais.com/articulo/opinion/Mujeres/islam/tradicion/emancipacion/elpepuopi/20090824elpepiopi_5/Tes

Las religiones no se llevan bien con las mujeres, que viven en un estado de permanente minoría de edad, justificado por la apelación a revelaciones divinas, a preceptos inamovibles o a la supuesta voluntad del fundador. Apenas hay excepciones al respecto. A ellas no se les permite el acceso al ámbito de lo sagrado, que es una especie de sanctasanctórum al que sólo llegan los varones. No son consideradas sujetos morales con capacidad de actuar responsablemente. Su conciencia está sometida a las leyes religiosas. Su libertad se ve tutelada por los varones. Su sexualidad es controlada por una moral represiva impuesta por los clérigos y moralistas de vía estrecha.


La discriminación no está en los textos sagrados, sino en su interpretación patriarcal

Y, sin embargo, ¡qué paradoja!, las mujeres suelen ser las más fieles seguidoras de las orientaciones religiosas, las que más participan en los ritos sagrados, las que inculcan con más tesón los sentimientos religiosos a sus hijos e hijas, las que de manera más eficaz ayudan a mantener intactos los sistemas de creencias religiosas y las que más contribuyen a reproducir la organización patriarcal de las religiones.

El islam es una de las religiones más cuestionadas por su carácter patriarcal y androcéntrico en sus textos sagrados, en la interpretación de los mismos, en la legislación y en la organización interna. Y ello en todos los ámbitos: el político, el religioso, el cultural, el familiar, el laboral, etcétera. En muchas de las sociedades musulmanas la situación de las mujeres no se caracteriza precisamente por su emancipación ni por la igualdad de derechos con los varones. Las demás religiones también suelen caracterizarse por una ideología y un funcionamiento patriarcales similares a los del islam, pero no son tan criticadas como éste.

La pregunta que el estudioso del islam se plantea es si la discriminación de las mujeres resulta inherente al islam. Ésa es, a decir verdad, la idea más extendida en el imaginario de Occidente. Y del imaginario se pasa fácilmente a convertirse en una tesis irrefutable.

Pero las cosas no son tan simples. En el seno del islam se están desarrollando importantes tendencias feministas que cuestionan la interpretación patriarcal del Corán y la consideran contraria a la praxis del Profeta. Creen, más bien, que el Corán defiende la igualdad entre hombres y mujeres, y que, leído desde la perspectiva de género, es un importante instrumento a favor de la liberación de la mujer. Y no van descaminadas. Veamos por qué.

En la Arabia preislámica las mujeres carecían de reconocimiento jurídico y eran consideradas inferiores a los varones. Era tal la ofensa que suponía el nacimiento de una niña en aquella sociedad, que algunos padres llegaban incluso a matarla al nacer, como constata el Corán, que condena rotundamente esa práctica (16, 58-59). En un clima así, el Corán supone un avance importante, ya que considera a las mujeres sujetos y les reconoce los mismos derechos y deberes que a los hombres, como demuestra el lenguaje inclusivo de este texto: "Dios ha preparado perdón y magnífica recompensa para los musulmanes y las musulmanas, los creyentes y las creyentes, los devotos y las devotas, los sinceros y las sinceras, los pacientes y las pacientes, los humildes y las humildes, los que y las que dan limosna, los que y las que ayunan, los castos y las castas, los que y las que recuerdan mucho a Dios" (33, 35).

Hay, con todo, en el Corán restos patriarcales que defienden la superioridad del varón, su función protectora de la mujer y que vinculan la virtud de las mujeres con la devoción, la obediencia y la actitud sumisa hacia los maridos. La rebeldía debe ser castigada: "Los hombres tienen autoridad sobre las mujeres en virtud de las preferencias que Dios ha dado a unos más que a otros y de los bienes que gastan. Las mujeres virtuosas son devotas. Y cuidan, en ausencia de sus maridos, de lo que Dios manda que cuiden. ¡Amonestad a aquéllas que temáis que se rebelen, dejadles solas en el lecho, pegadles! Si os obedecen, no os metáis con ellas" (4,34) (traducción de Julio Cortés).
Hay teólogas feministas musulmanas que creen que los textos que justifican el sometimiento de la mujer al varón deben entenderse en sentido metafórico y que la traducción "¡pegadles!" resulta incorrecta. En cualquier caso entienden que dichos textos discriminatorios no pueden considerarse normativos aquí y ahora.

Al expandirse el islam fuera de la Península Arábiga, se incorporaron costumbres discriminatorias de las mujeres contrarias al texto sagrado y se introdujeron en la Sharía (Ley Islámica). Es precisamente esta ley la que debe ser revisada -e incluso derogada-, a la luz de los derechos humanos y desde la perspectiva de género. En esa dirección va el feminismo islámico que lucha por recuperar la tradición igualitaria de los orígenes y por liberar a las mujeres de las costumbres patriarcales que tienen a las mujeres sometidas y excluidas de los espacios de responsabilidad en la religión, la cultura, la política, el ejercicio de la ciudadanía y la vida cotidiana. Tal sumisión poco tiene o nada tiene que ver con la religión.

lunes, 24 de agosto de 2009

Tengo un problema: me quieren matar




La diputada afgana Malalai Joya, símbolo de la lucha de la mujer afgana, vive amenazada en la clandestinidad

RAMÓN LOBO - Kabul - 24/08/2009 www.elpais.com


Malalai Joya tiene un serio problema: la quieren matar. Esta mujer menuda, de 35 años, casada, sin hijos, diputada sin escaño y que vive en la clandestinidad, es uno de los símbolos de la lucha de la mujer afgana contra una estructura mental, política y social machista y violenta que las condena a una vida de invisibles. Cambia constantemente de casa de apoyo protegida por un grupo de guardaespaldas y fieles ayudantes. "Me han intentado matar cinco veces y sé que lo intentarán de nuevo y es posible que un día lo logren pero no pienso renunciar ni marcharme al extranjero. Mi lucha está aquí".

La Loya Jirga (la Gran Asamblea) -un instrumento democrático en la tradición afgana en la que los notables de todo el país se reunían para tomar decisiones por consenso- del 17 de diciembre de 2003 cambió la vida de Joya. Cuando tuvo la oportunidad de hablar arremetió contra "la presencia de los criminales de guerra misóginos que habían destrozado Afganistán convirtiéndola en el centro de guerras internacionales". Se refería los jefes de las distintas facciones mujaidines, considerados por la mitología popular héroes en la lucha contra el invasor soviético, y que si alguna vez lo fueron se dejaron el crédito en las luchas posteriores entre ellos y en las matanzas de civiles en las que nadie queda libre de culpa. Hubo murmullos, nervios, gritos e intentos de retirarle la palabra. En un instante Malalai Joya se convirtió en una celebridad para la mitad del país y en un demonio para la otra mitad. Su problema es que las armas y la indecencia están en manos de la mitad que le ha condenado a muerte.

Cuando pisa la calle deja atrás a sus guardaespaldas que más que protegerla atraerían las miradas y se esconde bajo una burka, que en su caso es vida. Viaja mucho por el extranjero para denunciar la situación de la mujer en su país y la presencia de las "tropas de ocupación". Nunca lo hace por el aeropuerto de Kabul, donde sería detenida, sino de forma clandestina. Fue expulsada del Parlamento pese a haber sido elegida en 2005 por la provincia de Farah. Su delito: decir que era una asamblea de narcotraficantes, asesinos, misóginos y burros.

Esos señores de la guerra son los que destrozaron la estructura social de Afganistán en la que gobernaban las barbas blancas, los ancianos de los pueblos que se reunían en consejos locales y regionales para tomar decisiones sobre su comunidad. No había gobiernos ni oposiciones, sino la obligación de alcanzar consensos, de que nadie saliera derrotado, costara el tiempo que costara. Un tipo de democracia, que es el respeto a las minorías en el gobierno de las cosas de todos. Como en África con los ancianos. Otra jerarquía social desaparecida y sustituida por la corrupción, la violencia y la impunidad.

Han sido los 30 años de guerra y sus múltiples actores los que han destrozado un país hermoso lleno de gentes afables que desean tener futuro. Los talibán son un actor más, una consecuencia radicalizada de la voladura de la estructura social mucho más respetuosa con la mujer que la de ahora. A la comunidad internacional (excepto los británicos, claro) que mandó miles de soldados y millones de euros no debió leer mucho a Rudyard Kipling. Una pena: le hubiera ahorrado disgustos.

sábado, 22 de agosto de 2009

Multinanacionales prologan la guerra en el Congo

Multinacionales que
quieren prolongar
la guerra en el Congo



Zenit, agencia de noticias del Vaticano, dijo hace poco que “la crisis humanitaria más olvidada en nuestro planeta es la del Congo” De vez en cuando en los medios asoma la tragedia pues ya no hay modo de ocultarla. Pero lo que se dice de ella es todavía irrisorio e insultante en comparación con la magnitud de la barbarie y el genocidio. Y no hay llanto, ni pedir perdón, ni propósito de enmienda.

En esta Carta a las Iglesias de vez en cuando decimos una palabra sobre el Congo. Es un muy pequeño grano de arena. Ahora, aunque no sea más que por pudor, volvemos a recordar a ese inmenso “pueblo crucificado”. Presentaremos, resumidamente, tres textos que han llegado a nuestras manos estos días. Terminaremos con una breve reflexión.

1. “Quieren prolongar la guerra en el Congo”


En Periodista Digital del 27 de noviembre el jesuita Ferdinand Muhigirwa acusa a la comunidad internacional de querer prolongar la guerra en el Congo. “Si la comunidad internacional lo quisiera realmente, la guerra en la República Democrática del Congo terminaría en pocos días”.

Y da la razón. “Está claro que la raíz del conflicto son los minerales, de los que se benefician las empresas mineras y los países extranjeros, pero no la población autóctona que se ve obligada a vivir con menos de un dólar al día”. Los organismos supranacionales, como la Unión Europea, prefieren que la contienda se mantenga y ”se prolongue en el tiempo de forma interminable”.


El genocidio, por causa de la guerra y la pobreza, es claro. “Es terrible que en un país tan extremadamente rico la población viva abocada a tales niveles de pobreza”. Y crece la deshumanización.

En El Salvador lo entendemos bien. Desde hace décadas se produce el abandono progresivo de la agricultura: “la gente no quiere seguir trabajando en los sectores tradicionales porque prefiere enriquecerse en las minas” Y sufren los niños: “Las familias permiten a sus hijos abandonar el colegio desde edades muy tempranas para excavar. Creen que así se van a hacer ricos, cuando después la mayoría no consigue más de 50 dólares al mes”.

Son palabras mayores.

1. la guerra en el Congo es un genocidio que ha producido 5 millones de muertos en 15 años.
2. El genocidio puede ser detenido, pero la comunidad internacional, las democracias del Norte, no quieren detenerlo.
3. El Congo es un pueblo activamente crucificado.



2. “El teléfono celular: ataúd del Congo”



En lenguaje periodístico Cristóbal Saura explicaba en El portal del medio ambiente, el 6 junio de 2007, por qué ocurre el genocidio y por qué se oculta.


El genocidio.


En las montañas orientales del Congo hay coltán y niobio, además de oro, diamantes, cobre y estaño. El coltán, abreviatura de colombio-tantalio, está en suelos de una antigüedad de tres mil millones de años. Se usa con el niobio para fabricar los condensadores para manejar el flujo eléctrico de los teléfonos celulares. Cobalto y uranio son elementos esenciales para las industrias nuclear, química, aeroespacial y de armas de guerra. Alrededor del 80% de las reservas mundiales de coltán están en el Congo.

Por el control de estos minerales escasos hay una guerra tremenda. Los poderes multinacionales quieren controlar la minería de la región. Conclusión: “el motivo del genocidio son estos minerales que buscan las corporaciones” y además están destruyendo la segunda área verde del planeta después del también amenazado Amazona.


Un poco de historia.


En 1996 Estados Unidos patrocinó una invasión de fuerzas militares de las vecinas Rwanda y Uganda. Hacia 1998 tomaron el control y ocuparon las áreas mineras estratégicas. Muy pronto, el ejército rwandés comenzó a ganar más de 20 millones de dólares por mes con la minería del coltán. Hay cientos de informes que denuncian abusos de los derechos humanos en esa región minera.


Las empresas con capacidad tecnológica convierten el coltán en el codiciado tantalio en polvo y lo venden a Nokia, Motorola, Compaq, Sony y a otros fabricantes que lo usan en teléfonos celulares y otros aparatos de tecnología “de punta”.


Keith Harmon Snow dice que para analizar la geopolítica del Congo y las razones de una guerra casi inacabable desde 1996, hay que comprender el crimen organizado por negocios multinacionales.

La guerra del Congo se planificó con las inversiones de corporaciones multinacionales de Estados Unidos, Alemania, China y Japón en la región. Y está apoyada por las más poderosas corporaciones, la Cabot Corporation y al OM Group, de Estados Unidos; la HC Starck de Alemania; y Nigncxia, de China.

Redes criminales, preparadas y mantenidas por esas multinacionales, practican la extorsión, soborno, violación y matanzas. Y obtienen beneficios sin precedentes con la minería del Congo. Hasta 6 millones de dólares en cobalto crudo salen a diario de la RDC. Sin embargo, casi nunca aparecen estas compañías en los informes sobre derechos humanos.

Personajes relacionados con el negocio del coltán han estado muy cercanos al gobierno de Estados Unidos. Sam Bodman fue llamado por el Presidente Bush en 2004 para ser Secretario de Energía. Nicole Seligman fue consejera legal de Bill Clinton. Muchos que alcanzaron posiciones de poder en la administración Clinton pasaron a altos cargos en Sony Corporation.

En el negocio participan distribuidores norteamericanos de armas, como Simax, y las compañías que fabrican material de guerra para el Pentágono, llamadas “proveedores de Defensa”, Lockheed Martin, Halliburton, Northrop Grumman, GE, Boeing, Raytheon y Bechtel. Incluso organizaciones pseudo humanitarias como CARE, el Comité de Rescate Internacional; “Conservation”, empresas de relaciones públicas y grandes medios de comunicación como The New York Times.


Se han hecho grandes fortunas, vendiendo electrónica de alta tecnología para que la disfruten los norteamericanos y europeos, los japoneses y los “nuevos ricos” de América Latina, China y la India.


El encubrimiento.


El 5 de junio de 2006, se leía en la portada de la revista Time: “Congo: El Peaje Oculto de la Guerra más Mortal del Mundo”. Es cierto que el artículo mencionaba brevemente el coltán y su uso en los teléfonos celulares y en otros aparatos electrónicos. La guerra era una tragedia horrible, pero nada decía de las actividades de las corporaciones y los gobiernos extranjeros, para, a través de la guerra, apoderarse del coltán. Ni tampoco, de quiénes obtienen de esta guerra resultados financieros y políticos.

Johann Hari en The Hamilton Spectator, el 13 de mayo de 2006, sí analizó el origen de esta y otras guerras en África. “El único cambio a través de las décadas ha sido qué recursos naturales se buscan para consumo occidental: caucho bajo los belgas, diamantes bajo Mobutu y ahora coltán y casiterita”. Lo más cruel es que los medios no dicen nada de que estos conflictos han llevado a la población africana a una vida inhumana.


3. “Cada kilo de coltán cuesta la vida a dos niños”



Lo dice Alberto Vázquez Figueroa en el ABC del 12 de noviembre de este año. Cuenta el impacto de la guerra del coltán en los niños. Reproducimos sus reflexiones, formuladas con palabras de las preguntas y de sus respuestas.

“Los niños, de entre siete y diez años, son grandes víctimas de la lucha por el coltán. Son terriblemente explotados, y se les “paga” 25 centavos de euro al día. ¿Estamos ante la esclavitud del siglo XXI? El coltán lo extraen niños porque se encuentra en yacimientos a muy baja profundidad, y con sus pequeños cuerpos son los que caben mejor por los recovecos.

Muchos de estos niños mueren víctimas de horribles desprendimientos de tierra. Y se quedan ahí enterrados. Lo que no han querido las empresas que fabrican aparatos con coltán es que eso se supiera. Yo he vivido dos décadas en África y algo había oído. Hay fotos de esa barbaridad: niños semiesclavos respirando polvo mientras llueve a mares o se los lleva la riada. Eso es un infierno. Han llegado cientos de miles de refugiados y aquello es un desastre.


Yo me pregunto: ¿cómo en el siglo XXI toda nuestra tecnología depende de que haya un niño dando martillazos a una piedra y a un pedazo de tierra que se le viene encima? ¡Esto es de locos! Todos recordamos a tutsis y hutus matándose a machetazos, no olvidamos las iglesias quemadas con toda la gente dentro, ni a los niños perseguidos, con los brazos y narices cercenados. 700,000 desplazados y ya casi cinco millones de muertos ¡por el maldito coltán y para que nosotros tengamos una vida más cómoda!

No paramos la guerra porque las grandes empresas y gobiernos no quieren que se pare. Si se paraliza la guerra no se hace negocio con el coltán. Se quedaría en el Congo. Quien controle el coltán controlará nuestra vida”.


Reflexiones desde El Salvador



1. No es posible leer textos como éstos sin sentirse mal, pero alguno podrá preguntarse por qué fijarnos en el Congo cuando en El Salvador también vivimos en medio de gravísimos problemas. Y además, poco podemos hacer. La respuesta es: “por pudor”. No se puede ser humano, ni en El Salvador ni en Roma, si no hacemos hoy central el dolor del Congo.


Y también por un mínimo de honradez. En los peores años de represión contra el pueblo salvadoreño, se levantaron voces en Estados Unidos y en Europa para dar a conocer nuestra tragedia y ofrecernos solidaridad. Poco podemos hacer desde aquí, pero al menos difundamos lo que está pasando en el Congo.

2. Por lo que toca a la UCA, ahora que recordamos a nuestros mártires jesuitas sería irresponsable no recordar a los jesuitas del Congo y sus mártires. Un jesuita, Christophe Munzihirwa, arzobispo de Bukavu, fue asesinado en 1996 por defender a cientos de miles de refugiados. Lo llaman “el san Romero de África”.


Ahora recibimos este mensaje de Ferdinand Muhigirwa, jesuita congoleño, director del Centro de Estudios para la Acción Social que clama desde Kinshasa. Nos recuerda las palabras de nuestros mártires. Y nos sentimos hermanos. Y nos acordamos también del Padre Arrupe, cuando nos exigió a todos “la lucha por la justicia”, pagando el precio necesario. 49 jesuitas han sido asesinados desde entonces en el tercer mundo. Y el mismo Padre Arrupe sufrió fuerte persecución al interior de la Iglesia.

3. La realidad del Congo desenmascara la falsedad del “mundo de abundancia, civilizado y democrático”, lo acusa y lo juzga. Casaldáliga escribe: “África ha sido llamada el calabozo del mundo, una Shoá continental”.

Nuestro amigo Luis de Sebastián ha escrito un impresionante libro con el título: “África, pecado de Europa”. Bueno y necesario es recurrir al lenguaje religioso de “pecado”. No es políticamente correcto, pero el lenguaje civil, correcto y democrático, no ha descubierto una palabra equivalente. En teología, “pecado” es “lo que da muerte”. Dio muerte al hijo de Dios y sigue dando muerte a millones de hijos e hijas suyas.


4. Por coincidencia, escribimos estas páginas en el tercer aniversario de la muerte del Padre Jon Cortina.

En el salmo hemos rezado: “En el consejo de los dioses se levanta Dios y los acusa: “¿hasta cuándo juzgarán inicuamente? Juzguen a favor del débil y del huérfano; hagan justicia al humilde y al indigente; liberen al débil y al pobre y arránquenlos de las manos de los impíos”.

Es el juicio de Dios ante la guerra de El Congo contra los dioses, imperios, transnacionales, medios de comunicación.


5. Y permítanme una reflexión personal. Yo me enteré que había una guerra en el Congo hace unos diez años. No sabía lo que era el coltán, ni para qué servía. Y menos sabía de los criminales manejos de occidente para conseguirlo.


De todo ello no me enteré ni en la UCA, ni en mis visitas a Estados Unidos y Europa. Me lo contaron sencillas religiosas que vivieron las tragedias de Ruanda y Burundi, y trabajaron en los campos de refugiados de Bukavu, el Congo. Me abrieron los ojos.

Y les he visto trabajar en comités de solidaridad en toda España, con suma sencillez, con medios muy limitados, pero con gran lucidez y amor. Publican Umoya, revista sobre la realidad actual de África. Siguen adelante. Y son las que más saben de África.


Me recuerdan las palabras que le escuché a Joe Moackley, congresista por Massachussets, cuando venía a defender a los campesinos salvadoreños de la represión del ejército gubernamental: “cuando tengo que votar en el Congreso sobre nuestra política en algún país del tercer mundo, para informarme no me pongo en contacto con nuestras embajadas, sino con religiosas que trabajen allí. Son las que más saben”.

6. Con el coltán se hacen misiles, teléfonos celulares y hasta juguetes. Cuando los usemos recordemos a los 5 millones que han muerto en esta guerra, y recordemos a gentes como Ferdinand Muhigirwa, que nos mantiene en la verdad y en el amor.

7. A las personas a las que he visto mantener la esperanza para el Congo son las religiosas que han estado allá. No son ingenuas, pero con cariño y admiración recuerdan la bondad que han visto.



Jon Sobrino

lunes, 17 de agosto de 2009

AFRICA /by José Saramago


África By José Saramago

En África, dijo alguien, los muertos son negros y las armas son blancas. Sería difícil encontrar una síntesis más perfecta de la sucesión de desastres que fue y sigue siendo, desde hace siglos, la existencia en el continente africano. El lugar del mundo donde se cree que la humanidad nació no era ciertamente el paraíso terrenal cuando los primeros “descubridores” europeos desembarcaron (al contrario de lo que dice el mito bíblico, Adán no fue expulsado del edén, simplemente nunca entró en él), pero con la llegada del hombre blanco se abrieron de par en par, para los negros, las puertas del infierno. Esas puerta siguen implacablemente abiertas, generaciones y generaciones de africanos han sido lanzadas a la hoguera ante la apenas disimulada indiferencia o la impúdica complicidad de la opinión pública mundial. Un millón de negros muertos por la guerra, por el hambre o por enfermedades que podrían haber sido curadas, pesará siempre menos en la balanza de cualquier país dominador y ocupará menos espacio en los noticiarios que las quince víctimas de un serial killer. Sabemos que el horror, en todas sus manifestaciones, las más crueles, las más atroces e infames, barre y asola todos los días, como una maldición, nuestro desgraciado planeta, pero África parece haberse convertido en su espacio preferido, en su laboratorio experimental, el lugar donde el horror se siente más a sus anchas para cometer ofensas que creíamos inconcebibles, como si los pueblos africanos hubiesen sido señalados al nacer con un destino de cobayas, sobre las que, por definición, todas las violencias serían permitidas, todas las torturas justificadas, todos los crímenes absueltos. Contra lo que ingenuamente muchos se obstinan en creer, no habrá un tribunal de Dios o de la Historia para juzgar las atrocidades cometidas por hombres sobre otros hombres. El futuro, siempre tan disponible para decretar esa modalidad de amnistía general que es el olvido disfrazado de perdón, también es hábil en homologar, tácita o explícitamente, cuando tal convenga a los nuevos arreglos económicos, militares o políticos, la impunidad de por vida a los autores directos e indirectos de las más monstruosas acciones contra la carne y el espíritu. Es un error entregarle al futuro el encargo de juzgar a los responsables del sufrimiento de las víctimas de ahora, porque ese futuro no dejará de hacer también sus víctimas e igualmente no resistirá la tentación de posponer para otro futuro aun más lejano el mirífico momento de la justicia universal en que muchos de nosotros fingimos creer como la manera más fácil, y también la más hipócrita, de eludir responsabilidades que solo a nosotros nos caben, a este presente que somos. Se puede comprender que alguien se disculpe alegando: “No lo sabia”, pero es inaceptable que digamos: “Prefiero no saberlo”. El funcionamiento del mundo dejó de ser el completo misterio que fue, las palancas del mal se encuentran a la vista de todos, para las manos que las manejan ya no hay guantes suficientes que les oculten las manchas de sangre. Debería por tanto ser fácil para cualquiera una elección entre el lado de la verdad y el lado de la mentira, entre el respeto humano y el desprecio por el otro, entre los que están por la vida y los que están contra ella. Desgraciadamente las cosas no siempre suceden así. El egoísmo personal, la comodidad, la falta de generosidad, las pequeñas cobardías de lo cotidiano, todo esto contribuye para esa perniciosa forma de ceguera mental que consiste en estar en el mundo y no ver el mundo, o solo ver lo que, en cada momento, sea susceptible de servir a nuestros intereses. En tales casos solo podemos desear que la conciencia venga, nos tome por el brazo, nos sacuda y nos pregunte a quemarropa: “¿Adónde vas? ¿Qué haces? ¿Quién te crees que eres?”. Una insurrección de las conciencia libres es lo que necesitaríamos. ¿Será todavía posible?

martes, 28 de julio de 2009

Hambre de justicia



Al día de hoy son ya 950 millones las personas amenazadas por el hambre crónica. Eran 800 millones el año pasado. De allá para acá aumentó el número, debido a la expansión del agronegocio, cuyas tecnologías encarecen los alimentos, y a la mayor extensión de áreas destinadas al cultivo de agrocombustibles, producidos para saciar el hambre de las máquinas y no de la gente.
El hambre es lo más letal que ha inventado la injusticia humana. Causa más muertes que todas las guerras. Elimina a cerca de 23 mil vidas al día, ¡casi mil personas por hora! Las principales víctimas son los niños.


Casi nadie muere por falta de alimentos. El ser humano soporta casi todo: políticos corruptos, humillaciones, agresiones, indiferencias, la opulencia de unos pocos. Hasta el plato vacío. Por eso se puede decir que nadie muere por la falta completa de alimentos. Los hambrientos, cuando no tienen nada que comer, llevan a la boca, para engañar al hambre, sobras recogidas en la basura, lagartos, ratones, gatos, hormigas e insectos varios. La falta de vitaminas, carbohidratos y otros nutrientes esenciales debilita el organismo y lo hace vulnerable a las enfermedades. Los niños raquíticos mueren de un sencillo resfriado, por carencia de defensas.


Hay apenas cuatro factores de muerte precoz: accidentes (de trabajo o de tránsito), violencia (asesinato, terrorismo o guerra), enfermedades (cáncer o sida) y hambre. Ésta produce el mayor número de víctimas. Sin embargo es el factor que menos movilizaciones suscita. Hay campañas seguidas contra el terrorismo o para curar el sida, pero ¿quién protesta contra el hambre?


Los miserables no hacen protestas. Sólo quien come se pone en huelga, sale a las calles, manifiesta en público su descontento y reivindicaciones. Como esa gente no sufre amenaza de hambre, los hambrientos son ignorados.

Ahora los líderes de las naciones más ricas y poderosas del mundo, reunidos en el G-8, en L’Aquila, Italia, a principios de junio, decidieron liberar US$ 15 mil millones para aplacar el hambre mundial.

¡Qué cinismo se gasta el G-8! Él es el responsable de que los hambrientos sean multitud. Éstos no existirían si las naciones metropolitanas no adoptasen políticas proteccionistas, barreras aduaneras, transnacionales de agrotóxicos y de semillas transgénicas. No morirían de hambre casi 5 millones de niños al año si el G-8 no manipulase a la OMC, no incentivase la desigualdad social y todo lo que la aumenta: el latifundio, la especulación con los precios de los alimentos, la apropiación privada de la riqueza.

¡Sólo 15 mil millones de dólares! ¿Saben esos señores y señoras del G-8 cuántos millones destinaron para salvar, no a la humanidad, sino al mercado financiero, desde setiembre del 2008 a junio del 2009? ¡Mil veces esa cantidad! 15 mil millones de dólares sirven sólo para ofrecer unos caramelos a algunos hambrientos. Sin contar con que buena parte de esos recursos irá a la bolsa de los corruptos o servirá de moneda de cambio electoral. ‘Le doy un pan, deme un voto’.

Si el G-8 tuviera verdadera intención de erradicar el hambre del mundo promovería cambios en las estructuras mercantilistas que rigen la producción y el comercio mundiales, y canalizaría más recursos hacia las naciones pobres que hacia los agentes del mercado financiero y a la industria bélica.

Si los dueños del mundo quisieran acabar realmente con el hambre declararían el latifundio un crimen de lesa humanidad y permitirían la libre circulación de alimentos, parecido a lo que sucede con el dinero. De igual manera, si tuvieran también el propósito de erradicar el narcotráfico, en vez de agarrar a unos pocos traficantes pondrían sus máquinas de guerra a destruir definitivamente los campos de plantación de marihuana, de coca, de opio y de otros vegetales, transformándolos en áreas de agricultura familiar. Sin materias primas no hay traficante capaz de producir droga.

Decir que el G-8 intenta acabar con el hambre o salvar el planeta de la degradación ambiental equivale a esperar que la próxima Navidad Papá Noel traiga de regalo una vida digna para todos los niños pobres. Tanto es el cinismo, que los líderes mundiales prometen establecer bases de sustentabilidad ambiental a partir del 2050.

Ahora bien, si la naturaleza enseña algo obvio es que, a medio plazo, estaremos todos muertos. Si la Tierra ya perdió un 25% de su capacidad de autorregeneración, ¿qué pasará si la humanidad tiene que esperar otros 40 años para que se tomen medidas eficaces?


Si los que no pasan hambre tuvieran, al menos, hambre de justicia, virtud calificada por Jesús como bienaventuranza, entonces la esperanza en un futuro mejor no sería vana. (Traducción de J.L.Burguet)

- Frei Betto es escritor, autor de “La mosca azul. Reflexión sobre el poder”, entre otros libros.http://alainet.org/active/31984